cae el manto insondable las bestias rugen en la oscuridad custodian terribles guaridas un corazón salvaje palpita ansioso de sangre en el pecho ardiente de las tinieblas el templo de mi juventud yace en ruinas como sus antiguos ídolos siento el abrazo de la gárgola desciendo del campanario vetusto me dejo cobijar por la soledad de la sagrada cúpula respiran el veneno mis heridas frescas los dardos me atravesaron el alma duele la inmensidad ¡duele! las bestias ansían mi carroña soy desterrado y sufro soy desterrado y sufro soy desterrado y sufro (en esto también me parezco a los hombres)
el poeta contempla la bóveda negra sueña con su nombre en la boca de una estrella moribunda se deja seducir por el engaño todo ha sido tocado ya por la mano marchita el poeta sufre la soledad de la lámpara extinta desnuda la belleza en el filo del puñal arroja sombras extrañas sobre blancas alucinaciones el poeta no es poeta es tan solo un exiliado que pende del colmillo de un lobo un quimérico encantador de luciérnagas el poeta invoca el alma ciega de la noche se arropa de murciélagos deja huir las ponzoñas entre los dedos rasgando el ébano prohibido hunde la lengua orgiástica en las escamas de otro amor reptil el poeta sabe que le asedia un fantasma con esquirlas en los ojos que la aguja le hiere el costado y supura vinagre que la sed y la tristeza son infinitas el poeta ansía la ruina y el ocaso El abrazo sin mácula del sepulcro La caricia del pájaro de ...
tripulante solitario impregna de tinta las branquias lujuria de mujer pez su boca un anzuelo besa la mejilla salada humedo navío a la deriva solloza el mástil imponente el argonauta predice la soledad de las olas inevitable naufragio leviatán bestia vientre devora océano de flores la tumba del amante
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