El gusano y la tumba
Bajo la bóveda de cristal incólume se ahoga un estertor lánguido, desahuciado. Del pecho me brota un racimo de funéreos peregrinajes. La cruz blancuzca de la sepultura lleva a cuestas mi nombre como calvario. Un ósculo de letanías me sella la boca cárdena, y desciendo finalmente al negro abismo de la fría losa marmoleada. La promesa más febril: el gusano y la tumba.
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