cae el manto insondable las bestias rugen en la oscuridad custodian terribles guaridas un corazón salvaje palpita ansioso de sangre en el pecho ardiente de las tinieblas el templo de mi juventud yace en ruinas como sus antiguos ídolos siento el abrazo de la gárgola desciendo del campanario vetusto me dejo cobijar por la soledad de la sagrada cúpula respiran el veneno mis heridas frescas los dardos me atravesaron el alma duele la inmensidad ¡duele! las bestias ansían mi carroña soy desterrado y sufro soy desterrado y sufro soy desterrado y sufro (en esto también me parezco a los hombres)
Comentarios
Publicar un comentario